Ella no era la chica que él siempre soñó. Él no era el chico que ella imaginó para ella. Ninguno de los dos eran un ejemplo a seguir, pero por algún azar del destino se volvieron perfectos el uno para el otro.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Entre tantas cosas que la vida me ha enseñado, no hay pecado más terrible, que no haber sentido amor.
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